Desintoxica tu mente y construye tu felicidad

Anne Igartiburu es una presentadora de TV y actriz española que ha dedicado los últimos años a su educación en el bienestar y Ciencias de la Felicidad

Si tú percibes que hay un alineamiento y que estoy siendo más yo que nunca, pues genial, porque yo creo que es bueno ser uno mismo. Y llegar hasta donde haya que llegar con tu verdad o desde tu ser más auténtico. Al final, si eres tú, todo está bien, y mientras tú estés a gusto, pues eso es lo importante.

Uno de los grandes aprendizajes de este confinamiento para todos nosotros ha sido que: primero, somos muy vulnerables y segundo, que quizá no podemos tenerlo todo controlado. Por tanto, let it go.

Pero aunque no podamos controlar lo que sucede alrededor, sí podemos controlar cómo nosotros gestionamos lo que está sucediendo ahí fuera y cómo nosotros podemos también ser protagonistas de ese cambio interno, de la artesanía del cambio, y si nos ponemos artesanos y nos ponemos incluso un poco cirujanos, podemos trabajar varias cosas.

Una de ellas es detectar ese disparador que sucede en nosotros, aquello que hace ese trigger que se suele decir que hace que nosotros estallemos. Lo podemos detectar en nuestro cuerpo, lo podemos detectar en nuestra forma de respirar. Por supuesto, los pensamientos que nos hacemos también son son motivo de esa emoción que se dispara. De alguna forma, la emoción es el eco en el cuerpo de ese pensamiento que tenemos que nos secuestra.

Por tanto, primero identificarlo, saber qué está sucediendo. Y todo esto son pasos, por supuesto, cuando estás en ese momento de disparador, si no has practicado nunca esto que os voy a contar, quizá al principio nos parezca imposible, pero doy fe que se puede conseguir.

Por lo tanto, primero de todo, detectar que efectivamente algo no está yendo bien y ubicarlo donde lo sientes, que está pasando, que te está diciendo tu cuerpo. A partir de ahí saber que esa emoción no es tuya. La emoción es causada por un pensamiento que se refleja en tu cuerpo, en tu respiración, en tu ser y que puedes modificar.

La fórmula para la felicidad

Después de esto tenemos que respirar. Como decían las abuelas, cuenta hasta diez, respira, cuenta hasta diez. Tómate tu tiempo, porque nuestro cuerpo, cuando metemos aire en el cuerpo, nuestro pensamiento también identifica que puede existir la calma.

Y después nos vamos a hacer una pregunta. ¿Queremos mantener esto? Y si no es así, ¿cómo nos gustaría sentirnos? Buscar esa emoción alternativa que nos gusta más que la que estamos sintiendo. Si hay un disparador de ira, de tristeza, de angustia, de malestar, miedo; ¿qué otra cosa me gustaría sentir? Me gustaría sentir calma, me gusta sentir alegría, me gustaría sentir fortaleza.

Elige qué quieres sentir y ubiquemos. Porque gracias a Dios tenemos un catálogo de reacciones que podemos elegir e instalar, es decir, detectar, respirar, preguntarnos y elegir cuál queremos utilizar para transformarla, ubicarla, sentirla a través de la respiración, a través del sistema auditivo, visual, kinestésico, olfativo.

Ubiquemos si queremos sentirnos en calma, como aquella vez que estuvimos en la playa, o cuando estábamos en brazos de nuestra madre, cuando éramos pequeños. ¿Qué sentíamos? ¿Cómo nos sentíamos? ¿Qué nos decíamos a nosotros mismos? ¿Qué escuchábamos? Recrearlo y después de esto ponerle un nombre para anclar, ponerle un título.

Todos estos pasos para después volver al final a estar aquí, ahora mismo son imposibles de hacer cuando alguien nos diga «pero es que no sabes hacer nada» o cuando ya me digo a mí misma «no lo he hecho bien».

¿Qué me está diciendo esto y cómo me gustaría sentirme? ¿Qué otras alternativas tengo? Porque lo sabemos, nos estamos diciendo para defendernos de algo. No pasa nada, celébralo. Dale la bienvenida, le dices adiós, respiras, lo sientes, te preguntas como te gustaría sentirte, lo recreas y vuelves al presente.

Estos ejercicios que son seis pasos sencillos que se llaman «los seis pasos a la libertad», se pueden aplicar durante 90 días, todos los días, cada vez que detectemos un disparador que nos hace reaccionar, para que nuestras neuronas, para que nuestro cerebro busquemos unas nuevas vías, aprendamos que eso se puede modificar y que se puede amoldar a una situación más cómoda para estar en plenitud y aplicar esa artesanía del cambio de alguna forma.

La felicidad interior a pesar del entorno

¿Podemos ser felices en un entorno que no es feliz? Claro, ¿podemos beber agua donde está todo seco? Pues difícilmente, tenemos que crear el agua nosotros primero. Por tanto, es verdad que podemos decir «mientras el entorno no es feliz, yo no puedo ser feliz».

Somos seres sociales, necesitamos de interacción, necesitamos dar, recibir, necesitamos sentirnos relevantes, importantes, necesarios. Somos seres que que volcamos nuestra felicidad en gran parte en ser parte de una comunidad. Pero también es verdad que la felicidad empieza en uno mismo y cada uno tiene que saber cuál es su medida y qué es aquello que le hace feliz.

A partir de ahí tú puedes ser motor de felicidad de los demás. Por supuesto, no eres responsable y no tienes que cargar tú con la necesidad de llevar el carro de la felicidad de los demás. Pero sí es verdad que tú puedes emanar felicidad, pero siempre desde tu felicidad y tu plenitud verdadera. No fake it until you make it, como dicen muchas veces.

Es más aportar desde una verdad y con las ganas de trascender a través de la felicidad. Es difícil cuando todo el mundo o cuando todo tu entorno está cascarrabias, apesadumbrado, triste, el ser el cascabel. Por tanto, si no corresponde ser un cascabel, igual corresponde ser serenidad.

Felicidad se puede cambiar por otras muchas palabras que a ti te signifiquen felicidad. El ser humano es feliz compartiendo, compartiendo y aportando, siendo parte de una comunidad.

Primero, podemos aportar felicidad aunque haya pesadumbres a nuestro alrededor y dos, sí tenemos que tomar las riendas y la responsabilidad de hacer que nuestro entorno sea más feliz.

Técnicas para el bienestar hacia el futuro

Todo esto nos ha quedado muy grande, nos ha pillado por sorpresa, pero también nos ha obligado a parar. Nos ha obligado a decidir, a tomar las riendas y a mostrarnos a nosotros mismos las cartas con las que queremos jugar. Si no lo hemos hecho, ya las estamos buscando.

Busca la que tienes en la manga, busca la carta que tengas y con la que quieres jugar, con la que tú quieres mostrarte al mundo. Es una oportunidad única. Se le puede dar la vuelta a la tortilla perfectamente. Porque cada crisis es eso. Es un cambio. Es una oportunidad. Hemos perdido seres queridos, nos hemos peleado entre nosotros, hemos perdido trabajo.

Esto no ha hecho más que empezar. Efectivamente. Por tanto, baja, simplifica, elimina ruido, elimina cosas que te van a tener entretenido de una manera tóxica y con una energía densa que te van a lastrar para avanzar. Y después, insisto, simplifica.

Nos acabamos de dar cuenta de que lo que más nos importa para ser felices son las relaciones y valorar las cosas pequeñas. Tomemos decisiones que sean coherentes con el aprendizaje de estos días. Hemos aprendido que podemos leer más, que podemos utilizar las tecnologías para mirarnos, para ser nosotros, para ordenar nuestros armarios, para ordenar nuestra alma, nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros afectos, con nuestros seres queridos.

Todo eso forma parte de nuestro ser, que con la inmediatez, con la rapidez de los últimos 20 o 25 años, hemos dejado casi sin darnos cuenta. Ahí está, todavía ahí, porque casi nos ha dado tiempo a guardar.

Rescatémoslo como parte del aprendizaje de una señal que a mí por lo menos me ha llegado y la he recibido y es: para, respira y decide lo que vas a hacer con tu vida, porque podemos seguir corriendo con la inmediatez, secuestrados por la pantalla y pendientes de cuantos likes tengo, ¿pero que hay de mí? ¿Cuánto me gusto yo? Y ¿con base en qué parámetros me debo gustar? ¿Cuáles son mis referentes? ¿Son los mismos que tenía hace 25 años o los he cambiado? Y si los he cambiado ¿me gustan o los quiero cambiar?

Todo esto ha sido una oportunidad para ser honesta. Y es hermoso, es una oportunidad única.

Soltar

Me llevo la gran sorpresa de que necesitamos, más de lo que creíamos, ese despertar. Deja atrás el ruido, deja atrás los miedos, deja atrás la autoexigencia, deja atrás el compararte, deja atrás el «eso lo hago otro día». Si quieres, si te llena, hazlo, pruébalo, inténtalo.

Con respecto a la trascendencia, me quedo cambiar la pregunta del ¿quién soy? Que cada vez me interesa menos, o por lo menos me gustaría que me interesara menos, e indagar más el ¿qué soy y cómo quiero ser?

Celebremos siempre el descubrimiento, los pequeños descubrimientos que hacemos de nosotros mismos para para avanzar en esa plenitud que buscamos todos, pero sobre todo con sentido del humor y disfrute. No nos castiguemos, ni nos comparemos, porque eso no nos lleva a ningún lado. Así, con esta sonrisa bonita y y agradeciendo todo lo que nos pasa, que son cosas muy buenas y hay que aprovecharlas porque una cosa genera la otra.

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